domingo, 8 de enero de 2023

Ansiedad Social

 Yo camino siempre con una niña pequeña a mi lado.

Va siempre cogidita de mi mano porque no le gustan los extraños. Es una niña de pies descalzos, piel canela y pelo largo. Me acompaña a donde vaya con los ojos bien abiertos y medio escondida entre mis faldas.
A veces cuando hay mucha gente se asusta y me susurra al oído.

- No hables con ellos, seguro que son malos con nosotras también.

Y entonces me callo, se me llena el corazón de dudas y vuelvo la vista al suelo.
También lo hace con amigos cuando estamos viendo vídeos en internet, y abro el teclado para comentar algo, ella me agarra la mano.

- No digas eso, van a pensar que es una estupidez. y que nosotras somos estúpidas.

Y al imaginarlo se me encoge el corazón y pienso “ya lo dirá otra persona”.
Cuando caminamos por la calle me hace mirar nuestro reflejo para asegurarse de que todo está en su sitio y no hacemos el ridículo. Si alguien nos mira se pone muy nerviosa “¿Estarán pensando mal de nosotras? ¿Tenemos el pelo bien colocado? ¿nos hemos manchado?” Y me encuentro a mí misma comprobando que todo está bien.
A veces quiero hacer vídeos con mis personas favoritas, pero ella tira de mi manga y niega con la cabeza.

-No somos tan buenas como ellos. Se van a reír de nosotras.

Y una vez más, tira de las riendas del miedo y me echa para atrás.
También le da miedo que hagamos preguntas. No sé si es porque le asusta lo que pensarán de ella si se equivoca o sí es una pregunta tonta. quizás le da vergüenza que le digan que no, pero no me ha dicho por qué.
Cuando se asusta mucho, se agarra de mi cuello y sin quererlo no me deja respirar. Y llora tan, tan alto que sus llantos hacen eco y lloro yo también.
Y entonces yo me enfado con ella y me frustro. Y le pregunto:

- ¿Y QUE MAS DA? ¿Qué importa si llevamos la falda torcida o hacemos una pregunta estúpida? ¡No importa si hacemos el ridículo o lo que piensen los demás! ¡Importa lo que pensemos nosotras y ya está! No deberíamos darle importancia a los malos!

Ella niega con la cabeza muy rápido y rompe a llorar con los puños apretados.

- ¡Tú no lo entiendes! ¡Tú no estabas ahí, pero las palabras duelen! Las palabras hacen eco y dan golpes. Las palabras hacen daño.

Y entonces, cuando la vuelvo a mirar veo que tiene un ojo morado, y un labio partido. Hay un maratón alrededor de su boca de una mano que un día le impidió hablar. Hay oscuros moratones en sus muñecas que a día de hoy siguen haciendo que duela moverse. Hay una marca en su cuello que le impide respirar. Tiene rojas las orejas de la fuerza que hace para callar las voces.
Está llena de cicatrices que, aunque yo no las vea, están ahí.

- Las palabras duelen. - Susurra- incluso si no me pusieron una mano encima.

- Tú no lo entiendes. - Añade- tú no te acuerdas.

Yo me arrodilló delante de ella y le rozo la cara con cuidado para no hacerla daño.

- Pues enséñamelo. - Le pido. - Ayúdame a entender.

Ella niega con la cabeza y solloza con fuerza, presa del pánico.

- No puedo. Por favor no me hagas hacerlo. - suplica. - No me hagas recordar. No puedo volver allí. ¡POR FAVOR!

La niña tiembla como una hoja y yo le doy un abrazo, le digo que todo va a estar bien. Y cuando se calma le doy la mano otra vez.
Y me callo, compruebo mi reflejo, bajó la vista y seguimos andando mi niña pequeña y yo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario