El Tiempo observa el mundo desde su trono de engranajes. Lleva puesto un abrigo negro largo, tan largo que arrastra segundos cuando camina y algunos dicen que llega hasta el principio de los tiempos. Tiene la vista cansada y bolsas bajo los ojos llenas de los minutos que pasa mirando el mundo por su ventana. Su cuerpo tampoco ha cambiado desde el dia uno, casi como si no hubiese pasado el tiempo para él. Vive en una torre muy alta y puntiaguda que te dice la hora cuando le da el sol. Hay partes muy distintas, algunas parecen romanas, griegas, otras tienen torres como castillos y algunas son de cristal o metal y de piedras o ladrillos. Y es que al tiempo le gusta coleccionar. Colecciona arquitecturas y bolas de cristal, colecciona inventos y libros, miles y miles de libros llenos de vidas. También colecciona relojes rotos, ya que para ellos tampoco pasa el tiempo.
Algunos llaman a la torre del tiempo “la torre de las mil maravillas”, porque al Tiempo le gusta llevarse todo lo que ve. Ya sea lindo o grotesco, le gusta llenar su torre con cosas, cosas que le hacen reir o que le emocionan, por eso cuando te lo estas pasando bien el tiempo pasa más deprisa, porque el señor Tiempo tiene esos minutos reservados. Pero la triste verdad, es que el tiempo es un coleccionista empedernido porque a pesar de que su torre está llena de cosas, está completa y absolutamente vacía. Las frías paredes, las intemporales obras de arte, los minutos de diversión que guarda en tarros de cristal no son nada para calmar la soledad del tiempo. Y no es que no haya buscado. Ha recorrido todo el universo desde Grecia a América, pasando por Japón y la India. Pero halla donde valla no deja de escuchar cosas del estilo de:
“me han robado el tiempo”
“¿no sería bonito que no pasara el tiempo?”
“ojalá pudiese parar el tiempo”
“¡esto es aburridísimo! ¿por qué no pasa el tiempo más deprisa?”
La verdad es que parece que a nadie le gusta el señor Tiempo, y aquellos a quienes parece que le gusta, solo quieren sacar algo de él, y como no va a malgastar su tiempo en personas que lo usarán para acelerar o frenar el tiempo como un cronómetro ha acabado vagando por la Tierra. Alimentándose de las minutos alegres o enamorados y guardando los que la gente desprecia para reutilizarlos luego, ya sabes, el reciclaje de tiempo es bueno para el planeta. El señor Tiempo ha tenido miles de hobbies y se le da bien hacer muchas cosas, pero nunca se le ha dado bien hacer amigos. Agotado, camina arrastrando sus botas desgastadas, arrastrando todas las horas pasadas y persiguiendo las horas por llegar, buscando una luz que ilumine la oscuridad de la eterna eternidad.
La verdad, es que la envidia y el resentimiento lo llenan como los granos de un reloj de arena. ¿qué ha podido hacer él para sufrir tal castigo como es su propia existencia? Los humanos pueden amar y ser amados, tienen familias y amigos y malgastan su tiempo en estúpidas guerras y peleas por orgullo. El señor Tiempo daría cualquier cosa en su torre de las maravillas para tener la mitad de lo que tienen ellos. Por eso al escuchar un día la voz de un niño quejándose y maldiciendo al tiempo por robarle los minutos que podía pasar con su familia decidió tomar cartas en el asunto.
El niño estaba llorando, sentado entre las rodillas de su padre que vestía un traje de camuflaje y un cortado de pelo militar, y su madre con un lindo vestido amarillo.
-No llores campeón, sé que me tengo que ir pronto. Pero aprovechemos el tiempo que nos queda. - le dice el padre con ternura.
-NO! - grita el niño, rojo como un tomate. - Cuando vuelvas ya seré mayor y no habrás jugado conmigo porque te fuiste! Siempre se nos pasa el tiempo, te lo vas a perder todo.
-Lo se peque, pero hay gente que necesita ayuda y no tenemos tiempo. - trató de razonar su padre.
- ¡Pues ojalá parase el tiempo o no existiese y así te pudies quedar conmigo! ¡Es todo culpa del tiempo, pasa demasiado deprisa y me roba el tiempo con vosotros!
De pronto, en el reloj del tiempo cayó el último grano de arena.
-Está bien. - dijo el señor Tiempo saliendo de entre las sombras. Chasqueó los dedos y todo paró. Todo menos el niño que seguía llorando.
El niño paró unos segundos y miro a su alrededor. La sonrisa de su padre estaba congelada como en una fotografía, igual que su madre que le seguía mirando con pena y ternura. Las aves, las flores, la fuente del reloj, todo se había quedado congelado en el tiempo.
- ¿Qué ha pasado? ¿papa?¿por qué nadie me responde? - preguntó el niño sacudiendo los hombros de su padre.
-Querías que se parase el tiempo, tu deseo se ha cumplido. - Dijo el señor Tiempo. Y el niño se giró dando un pequeño paso atrás al verlo.
- ¿Quién eres?
-El tiempo.
-Pero no entiendo ¿Por qué mis padres no se mueven?, ¿por qué se ha parado todo?
- ¿Qué pasa cuando pausas el tiempo de un video?
-Que todo deja de moverse- murmuró el niño.
-Exacto. Igual pasa con las personas. Si se detiene el tiempo, se detienen ellos.
El niño se sentó entre los brazos de su padre, agarró la mano de su madre y respiró hondo, disfrutando el momento. Y empezó a hablar, a sabiendas de que no lo escuchaban. “Tiempo es tiempo” pensó “se muevan o no”. Les contó a sus padres sobre el cole, sobre esa personita especial que le gustaba, sobre el parque y sus sueños. Pero de pronto sintió como la mano de su madre empezaba a arrugarse. De un salto abrió los ojos y miró a su alrededor. Sus padres estaban envejeciendo, se arrugaban y su pelo se volvía gris. Incluso las plantas a su alrededor crecían y se volvían grandes.
-SEÑOR TIEMPO, SEÑOR TIEMPO ¿QUÉ ESTA PASANDO? - gritó el niño, agarrado con dos manos la cara de su padre e intentando frenar el envejecimiento.
-La vida. - respondió el señor Tiempo encogiéndose de hombros.
- ¿Qué? Pensé que habías parado el tiempo.
-Y lo he hecho. Pero la vida estaba aquí mucho antes que el tiempo. A mí me creasteis vosotros. No sé si para organizaros o para crear la ilusión de que la vida pasa más despacio.
- ¡Páralo! - exclamó el niño horrorizado.
-No puedo. No está en mis manos.
- ¿Pero por qué pasa tan rápido? - el niño preguntó asustado.
-No hay tiempo, ¿Cómo sabes si está pasando rápido?
- ¡Porque yo no me hago viejo! - exclamó el pequeño alzando las manos.
-Si lo eres.
El niño se miró horrorizado, efectivamente era más alto, tenía pelos por todas partes, incluso su voz era más grave.
- ¿Pero para que me sirve esto si se hacen viejos de todas maneras? Yo solo quería que dejaras de robarnos los momentos juntos. - Se quejó el niño secándose las lágrimas con su manga.
- ¡Que yo no robo nada! - exclamó el tiempo frustrado. - Todos los humanos nacéis con la misma cantidad de tiempo, con los mismos minutos, segundos y horas. No es mi culpa que tengais la sensación de que corro o de que voy despacio. O de que os distraigáis y me melgasteis. No soy yo lo que se os escapa entre los dedos. Es la vida, la que os trae y os lleva. Yo solo la cuantifico, le doy un número.
- ¿Y cómo arreglo esto? ¿cómo disfruto de mi familia si la vida se va tan pronto?
El tiempo se arrodilló frente al niño y le dedico una pequeña sonrisa.
-Úsame bien.
Con un chasqueo de dedos todo volvió a moverse, sus padres volvían a ser jóvenes y el volvía a ser un niño. Confuso y aliviado el pequeño se lanzó a los brazos de su padre.
-Siento que tengamos tan poco tiempo campeón. - le susurró su padre al oído. El niño negó con la cabeza llorando.
-Tienes el mismo tiempo que tenías antes. Solo has decidido usarlo de una manera distinta. Y me da miedo que si no lo usas bien, la vida se escapará entre tus dedos y ya no será lo mismo, porque yo dejare de ser un niño y tu no estarás aquí.
El padre se quedó en silencio, sorprendido ante la respuesta de su hijo. Quizás tenía razón, quizás debería aprovechar mejor su vida. La próxima vez elegiría un destino más corto, uno que le permitiese pasar más tiempo en casa.
-Te prometo que no dejare que se nos escape la vida. -Susurró su padre.
El tiempo miró desde las sombras, enternecido, con una triste sonrisa miró al cielo.
-Esta batalla la gano yo, Vida.- susurró.
Caminó de vuelta a su torre de las maravillas, andando quizás un poquito más ligero. Y desapareció en el horizonte, pero no sin antes escuchar a un niño gritando:
- ¡Gracias señor Tiempo!
Y esa no fue la única sorpresa. Al llegar a su torre se desplomó en su trono. Desviando sus ojos cansados de nuevo a la ventana cuando algo peludo se frotó contra sus pies y empezó a morderle la punta de las botas. El señor Tiempo miró sorprendido al cachorro y vio la blanca nota que colgaba de su collar dorado. La cogió y sonrió ante la nota, sus ojos llorosos.
Este se llama amor y tiene tanto tiempo como tú.
Te mereces una victoria. -La señorita Vida.
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