- ¿Qué estás haciendo?
-Te busco
- ¿Por qué sigues fantasmas?
-No sigo fantasmas, te sigo a ti.
-Pero yo ya no estoy, ahí. No hay nada que seguir.
-Pero me falta información, recuerdos.
- ¿Y si yo no los tengo?
-No lo sé, seguiré buscando, supongo.
-Pero ya no estoy, he crecido. Deberías hablar con ella.
- ¿Hablar con quién?
-Es un poco más mayor que yo. No mucho. Pero ella no pudo crecer, tenía demasiado miedo.
- ¿No pudo crecer?
-No, tuvo que esconderse. Se perdió en la niebla, en sus libros. Y cuando se despertó ya eras mayor. Creo que por eso me buscas.
- ¿Ah sí?
-Mhm, porque no pudiste ser una niña. No te dio tiempo y ahora eres mayor.
-Necesito verte.
-No me necesitas, ni a mí ni a ella. Eso ya ha pasado, ahora te toca a ti.
-Pero tú tienes mis memorias, y hay tantas cosas que necesito que me enseñes...
-Tengo ocho años ¿Qué puedo enseñarte?
-Necesito que me enseñes a ser libre, valiente, necesito que me devuelvas esa confianza que teníamos en nosotras y en el mundo alrededor. Necesito que me enseñes a volver a ser yo.
-Eres más yo de lo que yo seré nunca.
-Necesito que te lleves el miedo.
-No puedo hacer eso.
- ¿Por qué?
-Porque ya no tienes ocho años. Las personas mayores hacen las cosas distintas. Tú los entiendes mejor que yo.
-Aun así, tienes mis recuerdos, horas y horas de memorias felices que yo ya no tengo.
-También tengo horas y horas de dolor y llanto.
-Estoy dispuesta a tomar ese riesgo.
- ¿Y qué pasa cuando me encuentres? ¿Qué pasa si no tengo las respuestas que buscas?
-Entonces seguiré buscando.
-Tienes que dejarme ir.
-Lo haré cuando me acuerde.
- ¿Y hasta entonces?
-Seguimos a delante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario